El pasado martes, el Parlamento Europeo albergó la conferencia «El futuro de los cristianos en Siria: libertad religiosa, representación política, futuro común». Un acto de dos horas de duración que reunió a políticos europeos, líderes eclesiásticos y a representantes de las comunidades cristianas de Siria (arameos, asirios y caldeos), para hablar del futuro de Siria y la situación de los cristianos tras el derrocamiento del régimen de Assad.
Miriam Lexmann, eurodiputada eslovaca del Movimiento Demócrata Cristiano, (KDH, miembro del PPE), y copresidente del Intergrupo del Parlamento Europeo sobre Libertad de Religión, Creencias y Conciencia, fue la encargada de presidir el acto organizado conjuntamente por la Unión Siríaca Europea (ESU), el Centro Europeo para el Derecho y la Justicia (ECLJ), Syriac Cross Belgium, la Fundación Sallux ECPP y Jubilee Campaign Netherlands. Un evento que reclamó para los cristianos sirios la igualdad de ciudadanía y un marco constitucional que garantice su libertad religiosa y su participación política. Una representación que, según los representantes de las comunidades cristianas, no puede basarse en escaños asignados mediante cuotas específicas.
Los cristianos sirios «no querían que el lema fuera “proteged a los cristianos”. Querían que fuera “ciudadanía en igualdad de condiciones”. No querían que se les diera un trato preferencial, pero tampoco querían que se les marginara», recordó Nadine Maenza, copresidenta de la Mesa Redonda Internacional sobre Libertad Religiosa, al hablar de cuando se reunió con los líderes cristianos en febrero de 2025. Sin embargo, a pesar de las promesas del presidente al-Sharaa a los líderes cristianos de que formaría un gobierno inclusivo, eso no ha sucedido. «Solo con libertad religiosa e igualdad de derechos como ciudadanos podrán los cristianos, los alauitas, los drusos, los yazidíes, los kurdos y otras comunidades permanecer en Siria. Y solo entonces podrán todos los sirios disfrutar de la paz y la estabilidad duraderas que se merecen», señaló Maenza.
La intervención de Sanharib Barsom, presidente del Partido de la Unión Siríaca en Siria, incidió también en la necesidad de un estado que reconozca realmente los derechos individuales y colectivos, y garantice los derechos de todas las comunidades: «La marginación de los cristianos es sistemática. Su presencia en las instituciones estatales se ha reducido al mínimo, tanto en número como en influencia. Aunque el marco constitucional actual habla de igualdad y derechos humanos, estos principios no se respetan en la práctica. Además, basar la legislación en la jurisprudencia islámica es incompatible con un país con diversidad religiosa como Siria». De lo contrario, la presión ejercida contra los cristianos podría provocar una mayor emigración, «Siria corre el riesgo de perder a un pueblo autóctono y una lengua viva vinculada al legado de Jesucristo, afirmó Barsom.
La importancia de Siria en los orígenes del cristianismo fue el argumento del arzobispo Georghes Masri, arzobispo de Alepo de la Iglesia greco-católica melquita, que recordó que, desde sus inicios, la Iglesia ha pasado por dificultades: «Cuando Cristo envió a sus discípulos, no les prometió una vida fácil ni una misión fácil. Les dijo: “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga”. Pero no los envió sin apoyo. También les prometió que los apoyaría». Los cristianos han sufrido toda clase de persecuciones, pero «el desafío al que se enfrentan los cristianos en Siria, y en Oriente en general, es un reto existencial, y no disponemos de mucho tiempo para hacerle frente». Este desafío necesita una respuesta que, desgraciadamente, está tardando demasiado en llegar, más vale llegar tarde que no llegar nunca, dijo el arzobispo, pero es necesaria la voluntad para llegar.
Sobre cómo debe enfocarse esa voluntad para ayudar a Siria, el director de la Fundación Sallux ECPP (centro de estudios del Partido Político Cristiano Europeo), Johannes de Jong, buen conocedor de la realidad siria desde 2014, afirmó que tenía muchas evidencias de que los responsables de la situación actual son Irán y Turquía, y también la UE y sus Estados miembros por todo el apoyo que han brindado a estos durante años: «La UE y los Estados miembros de la UE contribuyeron a destinar decenas de miles de millones a Irán, que este país utilizó para mantener a Assad en el poder. Esta política se mantuvo mientras duraba la guerra civil en Siria y a pesar de que era de sobra conocido que dicha guerra continuaba gracias a Irán. Al mismo tiempo, la UE y los Estados miembros de la UE apoyaron a los grupos de Siria a los que Turquía quería apoyar, que eran extremistas». Como consecuencia, Europa recibió millones de refugiados, y ahora se apoya a los extremistas de traje de Damasco creyendo que esto propiciará el regreso de los refugiados. Para de Jong esta es una nueva ilusión, porque el régimen ya ha sido responsable de masacres de alauitas, drusos y kurdos, y del aumento de la persecución a los cristianos.
«Tenemos que dejar muy claro que nuestra política exterior debe poner fin a este apoyo masivo y sistémico a regímenes extremistas que no solo provocan la persecución de los cristianos, sino que también dan lugar a nuevas oleadas de refugiados en el futuro y a un aumento del extremismo en la propia Europa», concluyó de Jong.
El director de la Fundación Sallux ECPP habla desde la razón y, sobre todo, desde la experiencia. El apoyo al extremismo solo conduce a una mayor persecución de los cristianos y a que esa persecución se acabe produciendo también en nuestra propia casa. Europa debe escuchar y apoyar a los cristianos sirios.


























