Una de las mentiras más difundidas por la propaganda del Kremlin es que Ucrania es un país que persigue a los cristianos, mientras que Rusia es la protectora de la fe y los valores tradicionales. La realidad no podría ser más distinta: desde el inicio de la invasión a gran escala, cientos de iglesias han sido destruidas y 67 sacerdotes asesinados por el ejército ruso. Según el proyecto «Religion on Fire», a principios de 2026, 742 lugares de culto y 11 instituciones educativas religiosas habían sufrido daños o habían sido destruidos, sobre todo en las regiones de Donetsk, Kiev, Járkov, Jersón y Lugansk. Los daños no solo se deben a los bombardeos, ya que algunas iglesias y lugares sagrados fueron profanados deliberadamente durante la ocupación rusa. El ataque con misiles del pasado 15 de junio contra la Lavra de Kiev-Pechersk, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, fue toda una demostración al mundo de cómo Rusia busca destruir la identidad cultural y religiosa de Ucrania.
Sin embargo, a pesar de la evidencia, la propaganda rusa ha demostrado ser muy eficaz a la hora de vender sus mentiras al público occidental, especialmente a los sectores más conservadores de Estados Unidos. «Muchos conservadores jamás habían escuchado nada bueno sobre los ucranianos. Solo conocían mentiras», me dijo Steven Moore, recordando su participación en la cumbre de pastores «Faith Forward» de Turning Point USA, la organización fundada en 2012 por Charlie Kirk y Bill Montgomery. Cuando Moore les mostró un tráiler de dos minutos de la película «A Faith Under Siege», muchos de ellos reaccionaron con sorpresa, jamás habían visto lo que realmente estaba sucediendo en Ucrania.
«A Faith Under Siege» es un documental dirigido por Yaroslav Lodygin en el verano de 2024. Colby Barrett, con la ayuda de Steven Moore y Anna Shvetsova, produjo esta película que revela con toda crudeza la persecución que sufren los cristianos evangélicos y protestantes en las zonas ocupadas por Rusia. Torturas, asesinatos, destrucción de iglesias, niños secuestrados… Una realidad aterradora mostrada a través de testimonios de primera mano de personas que, a pesar de todo, se mantienen firmes en su fe. Recuerdo que cuando vi el documental por primera vez me dejó profundamente impresionado y entendí el enorme impacto que sus testimonios podían causar en un público religioso y conservador; no hay que olvidar que un 47% de los votantes de Trump son cristianos evangélicos y un 25% son católicos.
El documental se estrenó en mayo de 2025 y tuvo tanto éxito que en septiembre de 2025 se presentó en formato serie en Angel Studios, ampliando la película con nuevas historias individuales. «A Faith Under Siege» ha llegado a millones de personas a través de canales como Newsmax, la Christian Broadcasting Network (CBN) o la Trinity Broadcasting Network (TBN). Según una encuesta del Ukraine Freedom Project, 3,1 millones de cristianos evangélicos estadounidenses han visto la película y 11 millones más conocen su existencia.
Después de «A Faith Under Siege», llegaron los cortometrajes «No Priests Left» y «Orthodox Under Fire». El primero muestra como las autoridades rusas prohibieron oficialmente la Iglesia greco-católica ucraniana y las organizaciones humanitarias católicas, calificándolas como «agentes extranjeros», y expulsaron empleando la tortura, la detención o la deportación, a los sacerdotes católicos de los territorios ocupados. El segundo, ambientada en el pueblo de Bobak, muestra cómo las fuerzas rusas profanan una iglesia ortodoxa y maltratan al clero. Ante la realidad de que el Patriarcado de Moscú ha bendecido la guerra de Putin, los feligreses rompen los lazos con Moscú y se unen a la Iglesia Ortodoxa Independiente de Ucrania.
Como consecuencia del éxito de estos documentales, el equipo de «A Faith Under Siege» lanzó a principios de agosto una nueva serie, «Faith in War», en múltiples plataformas, incluidas YouTube y TBN+. «Faith in War» presenta en cinco episodios la historia de personas excepcionales que tienen el coraje de servir, de un modo u otro, en Ucrania y hacen frente a la invasión rusa. Son historias de heroísmo, pero, sobre todo, son historias de fe y de esperanza.
«Even in the Ruins» cuenta la historia del pastor Mark Sergeev. Rusia le confiscó su primera vivienda y su primera iglesia, la Iglesia Cristiana de Melitópol, levantada 30 años antes por sus padres. Sergeev y su familia se trasladaron entonces a Kyiv, donde fundó una nueva iglesia, pero el 28 septiembre de 2025, un misil ruso destruyó su casa. Milagrosamente, él y toda su familia se salvaron. En lugar de abandonar, Sergeev sigue predicando. Otro pastor ucraniano, Yuri Babinets, es el protagonista de «No Surrender». Yuri decidió permanecer en Kyiv cuando comenzó la invasión y defendió su iglesia contra dos columnas de tanques rusos. La tercera historia «Soldiers of Light» sigue a Christian Hickey, misionero y veterano de los Boinas Verdes, que se traslada a Ucrania con toda su familia para instruir voluntarios, llevar ayuda humanitaria y material médico al frente, distribuir Biblias y compartir el Evangelio con soldados y civiles.
Permítanme alargarme un poco más con los dos capítulos restantes por la razón de que tuve la suerte de entrevistar a sus protagonistas tiempo atrás. «Safe Ground» cuenta la historia de otro exboina verde Ryan Hendrickson, fundador de la ONG «Tip of the Spear Landmine Removal Inc». Hendrickson resultó herido de gravedad al pisar un IED en Afganistán en 2010, pero su voluntad fue más fuerte que sus heridas y, después de 28 operaciones y 18 meses de dura rehabilitación, consiguió reincorporarse a los Boinas Verdes y regresó a Afganistán en marzo de 2012.
Hendrickson dejó su trabajo en Estados Unidos para ir a Ucrania a combatir las minas terrestres proporcionando formación y equipamiento para el desminado y dando un nuevo propósito a veteranos que ya no pueden servir activamente en el frente. «En mi vida he estado en lugares realmente malos y he visto cosas muy malas, pero siempre puedes ver la mano de Dios si la buscas. En todos estos lugares hay esperanza porque Dios está en todas partes, y si permitimos que nos use como una herramienta para ayudar a otros, siempre hay esperanza, incluso, y especialmente, en los lugares que parecen más oscuros».
Por último, «The Stolen Children» sigue a Meaghan Mobbs mientras descubre uno de los crímenes más abyectos del régimen de Putin: el secuestro y el adoctrinamiento de niños ucranianos. Mobbs, veterana de combate, directora del Independent Women’s Center for American Safety and Security, y presidente de la Fundación R.T. Weatherman, en colaboración con las autoridades ucranianas y la ONG Save Ukraine, relata que al menos 19000 niños ucranianos han sido secuestrados o deportados por Rusia.
Esta política rusa es muy similar al «devshirme» utilizado por el imperio otomano. Los turcos raptaban como un tributo de sangre a niños cristianos de los Balcanes y de otras regiones conquistadas. Les borraban su identidad, les daban nombres turcos y los convertían al islam, entrenándolos para servir como soldados al servicio del sultán. Rusia está secuestrando niños ucranianos, separándolos de sus familias y borrando su identidad mediante un proceso de rusificación. Luego los convierte en soldados para que destruyan a su propio pueblo. Los propios niños son los narradores de como funciona este sistema: el bombardeo continuo de propaganda, la prohibición de todo lo ucraniano, y el encarcelamiento y la tortura para los que no se someten.
«Estamos haciendo más películas porque Vladimir Putin está destruyendo más iglesias, matando a más cristianos ucranianos, traficando con más niños ucranianos y mintiendo al mundo al respecto. Hay demasiada gente que le cree», concluye Moore. Frente a la verdad, la propaganda rusa gasta 2000 millones de dólares al año para difundir sus mentiras. Al final, la verdad siempre es más fuerte que la mentira, pero todos podemos hacer algo para que la verdad se imponga cuanto antes. Vean y compartan estas películas, den a conocer la verdad de lo que está pasando en Ucrania.



























