“Los rusos quieren la paz, pero no quieren reconocer que han sido derrotados”

A pesar de la insistencia de la propaganda, los rusos no ven esta guerra como un peligro existencial y, además, el factor económico ya no funciona como antes. Muchas regiones no pueden pagar lo que ofrecían hace un año porque sus presupuestos están a la baja y el número de los que están dispuestos a firmar un contrato también está disminuyendo.

Acaba publicarse el informe del IKAR (Instituto de Estudios y Análisis de Conflictos de Rusia), una institución que supervisa la evolución sociológica en Rusia y analiza las publicaciones en los medios de comunicación y las redes sociales rusas, que revela un hartazgo cada vez mayor de la guerra por parte de la población rusa. Hablamos sobre este informe con el director del IKAR, el Dr. Oleksandr Shulga.

Los problemas de suministro que están experimentando muchos rusos, ¿son un golpe de realidad de una guerra que muchos pretendían ignorar?

Esto es un punto de inflexión para la percepción rusa de esta guerra. Las sanciones de largo alcance, como le gusta decir al presidente Zelenski, los ataques en el interior de Rusia y la mayor capacidad ucraniana, cuyo punto álgido fue el ataque contra Moscú, han desmentido el mito de la invulnerabilidad de la defensa aérea rusa en la actitud de la opinión pública moscovita y del resto del país. El curso de los acontecimientos ha mostrado lo contrario y el golpe ha sido duro porque Moscú es la capital y el símbolo del poder. También es un mensaje para las elites: nadie en Rusia está a salvo.

Como consecuencia, aunque no es la primera vez, la operación militar especial vuelve a ser el principal problema para los rusos, ¿esto es consecuencia de estos ataques?

Si miramos atrás, en 2022 la operación militar especial era el principal problema para el 50% de los rusos. Con la prolongación de la guerra, los bajos salarios y la economía ocuparon los primeros puestos y la guerra cayó al tercer o cuarto puesto. Ahora, sin embargo, la combinación de distintos factores como los ataques en el interior de Rusia, el bloqueo de las redes sociales, la inflación y la fatiga económica, han hecho entender que nada va a mejorar hasta que no termine la guerra. Ese es el motivo por el que la vuelven a considerar la primera de sus preocupaciones.

¿Podemos decir que la mayoría de los rusos quieren el fin de la guerra?

Sí.

¿Y las élites?

Las élites están divididas y no son un bloque monolítico, pero la mayoría quiere volver al 23 de febrero de 2022, antes de la invasión a gran escala, al levantamiento de las sanciones, al acceso a sus activos congelados, a viajar al extranjero, a compartir tecnología y al regreso de las inversiones en Rusia como si no hubiera sucedido nada. Y luego hay otra parte, a la que podemos llamar ‘nueva élite’, que se ha beneficiado de los contratos militares de guerra, pero incluso esa parte también sacaría beneficio del final de la guerra, porque si hay más dinero no se va a emplear en sanidad o en mejorar infraestructuras civiles, sino en renovar el equipo y los gastos militares. Si Rusia colapsa, no habrá beneficios.

Existe el consenso de que esta guerra, sin objetivos claros ni medios para conseguir esos objetivos, solo acabará dañando a todos los grupos excepto a uno: el de Putin y sus aliados más cercanos.

¿Quieren los rusos la paz, aunque eso signifique reconocer que la operación militar especial ha sido un fracaso?

Los rusos quieren la paz, pero no quieren reconocer que han sido derrotados. Les gustaría que el Kremlin anunciase el fin de la guerra como un éxito y nombrase algunos objetivos: el mar de Azov como un mar ruso, el corredor terrestre en Crimea, la defensa de los ruso hablantes, la victoria sobre la OTAN, etc. Para la mayoría, el final de una guerra que no perciben como lógica ni existencial sería en sí misma una victoria porque significaría la vuelta a la normalidad. Sin embargo, el fin de la guerra debe ser nombrado una victoria, como si hubiesen ganado, y deben creer, o pretender hacerlo, que se han cumplido los objetivos de la guerra.

La movilización siempre ha sido una idea impopular para los rusos. Entiendo que ahora lo es aún más.

Los rusos, voluntariamente, no quieren participar en esta guerra. Muchos tienen amigos, parientes, vecinos o compañeros de trabajo que fueron movilizados y han compartido su experiencia, o conocen a otros que han caído en el frente. Y algunos se informan fuera de los canales de la propaganda y conocen la situación real, las tácticas de asalto rusas y las altas probabilidades de resultar herido o muerto.

A pesar de la insistencia de la propaganda, los rusos no ven esta guerra como un peligro existencial y, además, el factor económico ya no funciona como antes. Muchas regiones no pueden pagar lo que ofrecían hace un año porque sus presupuestos están a la baja y el número de los que están dispuestos a firmar un contrato también está disminuyendo. Incluso se ha normalizado un ‘turismo mercenario’ en el que los que quieren alistarse se desplazan a las regiones que más pagan. Por ejemplo, la región de Penza es bastante pobre, así que solo puede pagar 400000 rublos (4595 euros) al firmar el contrato, mientras que otras llegan a pagar 2 o 3 millones de rublos. Esto significa que Penza, como otras regiones pobres, es incapaz de alcanzar sus cuotas de reclutamiento, lo que les obliga a medidas desesperadas para cumplir con el Ministerio de Defensa.

Cuando se produjo la operación en Kursk, las redes sociales rusas estallaron contra su gobierno. Teniendo en cuenta las limitaciones impuestas a estas redes por el Kremlin, ¿qué reacciones hay ante la escasez de combustible y los ataques de drones ucranianos?

Después de los intentos del Kremlin de bloquear Telegram e Internet, las autoridades se han enfrentado a muchos problemas técnicos y lo cierto es que la mayoría de los rusos usan VPN, así que no descarto que en un futuro próximo su uso sea considerado un delito. Las reacciones a la escasez de combustible son miles de post, Reels y videos cortos en los que los rusos se quejan y hacen preguntas, y critican a Putin de un modo mucho más severo que durante el inicio de la incursión en Kursk. En aquel momento, las críticas iban dirigidas a la incompetencia y a la falta de respuestas de Putin y los mandos del ejército, y la respuesta fue intensificar la propaganda y borrar todos los mensajes negativos; ahora, se critica la incompetencia de Putin, su avanzada edad e incluso su valor.

Estas críticas vienen desde el interior de Rusia, no de opositores ni de rusos viviendo en otros países, y es un cambio muy importante porque es la primera señal de la pérdida de control del Kremlin. Que haya cada vez más rusos que se atreven a criticar a Putin es una muestra de la desacralización de su poder, porque este no se basa en valores, instituciones o procedimientos democráticos, sino en su carisma y liderazgo. Cuando se le califica de viejo idiota e incompetente y los rusos se burlan de él, es el principio del fin de la naturaleza sagrada de su poder. Hasta ahora, era el líder de la nación y estaba por encima de la estructura del sistema, pero su debilidad hace necesario el apoyo de grupos leales y le convierte en dependiente de ellos. Los tiempos de Putin como líder absoluto llegan a su fin y eso va a iniciar procesos políticos dentro del país.

¿Qué opina del caso del soldado de Alexander Lunin y de su detención? Desde Prighozin no habíamos escuchado una protesta similar por parte de un miembro del ejército ruso.

Las quejas de este veterano no son las de alguien en contra de la guerra, sino que denuncia lo que están sufriendo cientos de miles de soldados rusos por parte de sus mandos: torturas, extorsión, incompetencia, crueldad y un desprecio absoluto por los derechos humanos de sus compatriotas rusos. Es una denuncia del modelo de ejército construido por Putin y sus decisiones, algo que han señalado los blogueros militares rusos, pero sin señalar claramente al culpable o apuntando a mandos de medio o bajo nivel. Lunin mencionó al alto mando, no a Putin al que, sin embargo, no dudo en amenazarlo: “Si ignoras mis quejas, que no son solo mías sino de todos los soldados, el ejército apuntará sus armas contra el Kremlin”.

Lunin fue invitado a Moscú y fue arrestado cuando iba de camino, y posteriormente su mujer dijo que todo estaba bien y que se estaban resolviendo todos los problemas. Así que podemos asumir que la invitación a Moscú fue una trampa, como la que le orquestaron a Prigozhin después de su motín y que acabó con su muerte. Esto muestra para todos los futuros Prigozhin que no se puede negociar con el Kremlin y que el único modo de conseguir algo es mediante la fuerza.

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